Toun

Un año de au pair en Alemania: la experiencia de Toun

Cuando terminé el instituto en Inglaterra, tenía claro que no estaba preparada para ir a la universidad. Quería viajar, salir de mi zona de confort y vivir una experiencia completamente diferente. Así que decidí aprovechar mi año sabático para ser au pair en Alemania. Aunque no todo fue fácil, fue una experiencia increíble.

Au pair Toun

Datos clave

  • Nombre: Toun
  • De: Londres, Reino Unido
  • País de acogida: Alemania
  • Duración de la estancia: 1 año
  • Niños a cargo: 2 (como au pair)

Por qué decidí ser au pair durante mi año sabático

Cuando terminé el instituto, tenía muchas ganas de hacer algo nuevo. Quería conocer mundo antes de empezar la universidad, pero también buscaba una opción que no supusiera gastarme una fortuna.

Ser au pair me pareció el equilibrio perfecto. Podía vivir en otro país, aprender un idioma, descubrir cómo es el día a día en Alemania y, al mismo tiempo, tener la posibilidad de viajar.

Además, Alemania me pareció un punto de partida estupendo para conocer Europa. He podido viajar, por ejemplo, a los Países Bajos. Tener tantos países cerca hace que incluso una escapada improvisada sea mucho más fácil.

Así es mi día a día como au pair

Mis mañanas suelen ser bastante tranquilas. Me gusta aprovechar las primeras horas del día para hacer las tareas domésticas que me corresponden y dejar después algo de tiempo para mí.

Por las tardes suele haber bastante más movimiento: recoger a los niños del colegio, llevarlos a sus actividades y estar con ellos. Si algo he aprendido cuidando niños es que hay que estar preparado para cualquier cosa. Con niños, los planes pueden cambiar en cuestión de minutos.

Hacer cosas que nos gustan tanto a los niños como a mí, como hornear, jugar, hacer manualidades o pasear en bici, también ha hecho que cuidar de ellos sea más fácil y divertido.

Adaptarme me llevó más tiempo del que esperaba

Una de las cosas que más subestimé antes de venir fue lo difícil que puede ser adaptarse a un entorno completamente nuevo.

Cuando llegué, no conocía a nadie aparte de mi familia de acogida. Al principio se me hacía duro saber que mis amigos estaban juntos en mi país mientras yo estaba lejos. Hacer nuevos amigos tampoco fue sencillo, sobre todo por el idioma.

De repente, todo es diferente: el idioma, la comida, las costumbres e incluso las rutinas. Pensaba que me adaptaría bastante rápido, pero en realidad tardé más de cuatro meses en sentirme realmente a gusto.

Creo que es importante que los futuros au pairs sepan que es normal no sentirse integrado desde el primer momento.

Lo que me habría gustado saber antes de irme

Cuando llegué, me di cuenta de que podría haberme preparado un poco mejor. Si pudiera volver atrás, estas son algunas de las cosas que haría de otra manera.

Ahorra dinero antes

La paga puede cubrir tus gastos del dia a día, pero tener algo ahorrado te da mucha más libertad para viajar o hacer planes.

Empieza a conocer gente desde el principio

Las primeras semanas pueden ser bastante solitarias. Ojalá hubiera empezado antes a utilizar aplicaciones y redes sociales para conocer a otros au pairs y a gente de la zona.

Infórmate sobre la zona antes de llegar

Busca aficiones, gimnasios o actividades cerca de tu familia de acogida. Tener algo propio al margen de tu trabajo como au pair puede marcar una gran diferencia.

Prepárate para la adaptación

Aprende algunos conceptos básicos del idioma y habla con claridad con tu familia de acogida sobre tus responsabilidades. Si es posible, habla también con la anterior au pair de la familia. Cuanto más sepas de antemano, menos sorpresas habrá.
 

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Acostumbrarse a la cultura alemana

Algunas diferencias culturales me han sorprendido mucho menos de lo que esperaba, pero las notas cuando vives aquí.

Por ejemplo, en Alemania se come muchísimo pan. Una de las cosas que no conocía es el Abendbrot, una cena en la que el pan tiene prácticamente todo el protagonismo.

Y luego están los domingos. La mayoría de las tiendas están cerradas, algo que al principio me resultaba bastante frustrante porque precisamente los fines de semana es cuando tengo más tiempo libre.

Otra cosa que me ha llamado la atención es lo en serio que se toman el reciclaje. Separar la basura forma parte de la vida cotidiana y, de hecho, hay algo del sistema que me gusta especialmente: el Pfand. Cuando compras determinadas bebidas, pagas un pequeño depósito por el envase y puedes recuperarlo al devolver las botellas o latas en el supermercado.

Son pequeñas diferencias, pero forman parte de la experiencia de vivir en otro país. Poco a poco, dejas de comparar constantemente todo con tu país de origen y empiezas a entender por qué las cosas funcionan de otra manera.

¿Ha merecido la pena?

Sí, sin ninguna duda.

Por supuesto, ha habido momentos en los que he echado de menos mi casa, me he sentido sola o incluso me he preguntado por qué me estaba costando tanto adaptarme. Pero también he conocido a personas de todo el mundo, he mejorado muchísimo mi alemán, he viajado y, sobre todo, he aprendido mucho más sobre mí misma de lo que esperaba.

Irte solo a otro país puede parecer abrumador, sobre todo, al principio. No dominas el idioma, todavía no conoces la cultura y has dejado atrás a tus amigos y a tu familia.

Pero no tienes que sentirte como en casa desde el primer momento.

Date tiempo. Tiempo para conocer a gente, para sentirte cómodo con tu familia de acogida, para acostumbrarte a la nueva rutina y para construir una vida que también sientas como tuya. Ahora que miro atrás y pienso en mi año sabático, hay algo que tengo muy claro: no me arrepiento de haber sido au pair.

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