Aprender a construir una vida en el extranjero
Al principio, vivir en el extranjero era emocionante, pero también un poco abrumador. Incluso las cosas más cotidianas requerían un periodo de adaptación: los supermercados eran distintos, las marcas que conocía no estaban y cualquier gestión sencilla me suponía un esfuerzo extra porque tenía que estar traduciendo todo mentalmente. Además, nunca he sido una persona especialmente madrugadora, pero, por alguna razón, levantarme en París me resultaba mucho más fácil.
Con el tiempo, todo aquello que me parecía extraño dejó de serlo. Y hay algo que me gustaría que supieran quienes estén pensando en ser au pair: no pasa nada si los primeros meses resultan incómodos. No significa que hayas tomado una decisión equivocada.
Mi día a día como au pair en París
Algo de lo que no siempre se habla es de la libertad que puede ofrecer la experiencia de ser au pair, dependiendo de las condiciones acordadas con la familia. Yo trabajaba unas tres horas y media al día cuidando de dos niños. La mayoría de las tardes los recogía del colegio, les ayudaba con los deberes, preparaba la cena y jugaba con ellos hasta alrededor de las ocho. El resto del día era para mí.
Algunas mañanas iba a clases de francés, que acabaron convirtiéndose en una de las cosas que más disfrutaba de mi vida allí. Otros días aprovechaba para descubrir algún barrio nuevo, crear contenido o comer por la zona de Montmartre. Y, siendo sincera, muchas veces simplemente me dedicaba a pasear por la ciudad sin ningún plan.