Mis hijas me preguntan cuándo viene su «amiga de jugar»

María y su familia, de España, no pueden imaginarse una vida sin au pairs. Cada una de las seis au pairs que han acogido hasta el momento ha enriquecido su vida familiar con nuevas costumbres y tradiciones.

Madrid en la calle los edificios son blancos.

En nuestra familia somos seis: tres niños, nosotros dos y un au pair. Tenemos 3 hijos y desde hace años, casi siempre tenemos una au pair que vive con nosotros. Hemos compartido ya experiencia con 6 au pairs de distintos países: Estados Unidos, Francia, Alemania… y todas las experiencias han sido muy enriquecedoras para ambas partes.

Mostrar a nuestros au pairs los tesoros de nuestro país

Cada au pair ha sido diferente, pero con todas hemos compartido momentos en familia, descubierto y aprendido más acerca sus costumbres y vivencias y compartido con ellas nuestra cultura y vida familiar, así como nuestras tradiciones. Hemos viajado con ellas, intentando mostrarles algunos de los tesoros de nuestro país; hemos compartido con ellas momentos de diversión, visitas al zoo, distintas excursiones, piscina, playa; hemos experimentado juntos las curiosidades culinarias de nuestra tierra y les hemos ayudado a aprender o mejorar su español.

Nosotros también hemos aprendido otras costumbres

Por otro lado, hemos aprendido y disfrutado descubriendo cosas de sus culturas: celebrando Halloween tallando calabazas y cocinando cupcakes de fantasmas, preparando una cena de acción de gracias, pintando huevos de pascua, decorando buzones en San Valentín, cocinando un sinfín de recetas y un larguísimo etcétera de actividades, por no mencionar las largas charlas por la noche cuando los niños estaban ya acostados, practicando español a la vez que compartiendo vivencias y experiencias.

Ahora viajamos a través de nuestros au pairs

Siempre nos ha fascinado viajar a países muy lejanos y ahora, con los niños tan pequeños, hemos tenido que aparcar nuestro espíritu viajero durante unos años. SIn embargo, recibir a las au pairs en casa es, en sí mismo, viajar a través de ellas y aprender de ellas como en un viaje.

Hemos aprendido de cada uno

Evidentemente, la convivencia diaria ha sido diferente con unas y con otras. Con algunas de ellas hemos sido realmente familia, seguimos en contacto e incluso hemos visitado a dos de ellas después de la experiencia au pair. Otras hicieron más vida social con sus nuevos amigos, unas viajaron mucho, otras salieron más de noche... Pero de todas hemos aprendido y a todas les hemos enseñado cosas por igual. Y no sólo en lo cultural, sino también en lo personal. Nuestras hijas adoran tener una «amiga» en casa con la que jugar y nuestra hija mayor recuerda a todas y cada una de las au pair y en cuanto pasan unos días sin «amiga» en casa, ya están preguntando cuándo vendrá otra amiga para jugar.

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