Poco a poco sentía que me trataban como a uno más

Diego, procedente de España, se fue de au pair a Francia. Aunque no todo fue idílico, su familia fue «lo mejor que me ha podido pasar.»



Me llamo Diego. Vivo en un pueblo en el sur de España (Málaga) y empecé mi experiencia como au pair el 3 de julio. Emprendí el viaje echando mucho de menos a mi familia, pues no sabía lo que me podía encontrar en el extranjero. Iba a un lugar nuevo para mí, nuevas culturas y un sitio sin mi familia. Cabe decir que no sabía ni a que pueblo iba.

Poco a poco nos fuimos entendiendo

Cogí el vuelo de Malaga el día 3 por la mañana, llegué al aeropuerto de Ginebra a las 12:45, y fue en ese momento cuando empezó mi experiencia. Salí con mis maletas esperando encontrar a una familia esperándome con un cartelito o algo, pero no fue así. La madre de la familia llegó una media hora tarde. Al final, fuimos hacia el coche y nos trasladamos a la vivienda familiar en un pueblo llamado «La Chapelle d'Abondance». Al llegar, pude apreciar lo bonito de aquel lugar. La madre me dejó en la casa con uno de los niños, el más pequeño. Empezamos a tomarnos un sándwich y le comencé a preguntarle cosas en un francés que no entendía ni yo, pero poco a poco nos fuimos entendiendo...

Intentaban explicarme todo lo que no entendía

Al cabo de 20 minutos llegaron los otros dos hijos. Ese día transcurrió genial. Luego por la noche la madre me instaló en la casa que me iba a dejar durante mi experiencia. Comí en la casa de la familia y todo fue genial, poco a poco sentía que me trataban como a uno más. Los niños, sobre todo el pequeño, al que le cogí muchisimo cariño, trataban de explicarme lo mejor que podían todo lo que yo no entendía.

Au pair Diego en Francia con los hijos de su familia de acogida

Todo fue mejor de lo que esperaba

Todos los días hacíamos cosas (senderismo, bicicleta, tiro al arco, minigolf...). Fueron transcurriendo los días y todo fue mejor de lo que esperaba. Comía todos los días con la familia, hablaba con ellos. Finalizó la primera semana y fue ahí cuando comenzó mi amistad con una vecina. Esta amistad le molestó mucho a la familia (...).

Por una confusión mutua, la familia y yo nos peleamos

La vecina y yo poco a poco nos fuimos haciendo más amigos hasta el punto de que comíamos juntos todos los días. Lo malo fue a la tercera semana, cuando la familia y yo nos peleamos por una confusión mutua (...) y ahí acabó mi experiencia, de la cual no me arrepiento.

En cualquier caso, es lo mejor que me ha podido pasar

Hice muchas comidas españolas, las cuales les gustaron mucho. Es una experiencia que recomiendo, ya que aprendes muy bien el idioma, las culturas, etc. Las familias son encantadoras y si das con una buena, eres como uno más de la familia. Yo, por mi parte, olvidé lo ocurrido y pienso que si algún día volviera por Francia, iría a visitarlos sin duda. Son lo mejor que me ha podido pasar. Sobre todo mi pequeño Angus, que lo echo muchísimo de menos, al que espero poder volver a ver pronto.

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